En efecto, y por terrible que parezca, los padres tardamos un tiempo en sentir verdadero amor por nuestros hijos. Propiamente no sentimos ni amor ni nada más. A mí me pasó con Marina, mi primera heredera, que nació en España. A diferencia de un amigo –por lo demás un padre ejemplar- durante el parto no pensé en la película Alien y lo atribuyo a que mucho más aterrador que el parto mismo es el aspecto de los médicos madrileños (el neonatólogo, al que llegamos a apreciar, sólo se diferenciaba de un grizzly en que fumaba de modo compulsivo).

Sin embargo, como le ocurrió a mi amigo y a muchos conocidos más, desde que la vi nacer hasta que pasaron unos días fui, salvo por breves momentos, incapaz de descubrir verdaderas emociones hacia mi hija, no obstante que pasé literalmente todo el embarazo pensando cómo sería ese momento feliz.


  • Concepción imposible?
  • ¿Son difíciles las preguntas de los niños?
  • Cómo enseñarle la seguridad a tu hijo
  • Las cinco dietas más hip, bajo la lupa
  • La vida en el limbo
  • Libros para ti y tus hijos
  • ¿Cómo le digo a mi jefe que estoy embarazada?
  • Pañaleras tutti fruti
  • Tour mágico y misterioso, una guía práctica para ir a Oaxaca con niños
  • ¿Cuánto sabes sobre recién nacidos?
  • Hogar, dulce hogar
  • Música
  • Cine
  • Calendario de bbchats
  • Horóscopo